Sin embargo, Rosell no se rindió y con cada declaración, superadas esas primeras semanas en las que tuvo como mejor aval no ser Díaz-Ferrán, empezó a sumar puntos para al menos poder codearse con el presidente de Marsans con cierta igualdad en el podio del empresariado patrio.
Y en las últimas semanas está haciendo temer a cualquier trabajador con dos dedos de frente que reflexione al leerle responder esto sobre la reforma laboral:
"P. ¿Y en qué marcha se ha quedado?
R. Le quedan dos velocidades. No se puede lograr todo de una vez. Pero es que todavía existen cosas del franquismo en nuestra legislación laboral que hay que suprimir y el propio Estatuto de los Trabajadores, de 1980, que hay que modificar".
Que en opinión de la patronal haya puntos de la dictadura que "defienden" más al trabajador que lo que proponen ellos es para echarse a temblar.
No fue la última perla de estos días. Con la reforma aprobada y la patronal bien crecida, Rosell fue más allá y propuso limitar el derecho a huelga.
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