El emperador recorría la Vía Sacra rumbo al Coliseo, donde gladiadores y fieras se preparaban para empezar una semana de juegos con los que apaciguar a un pueblo hambriento y deprimido por la falta de trabajo.
A lo largo de esa semana, desde el Trastevere, a orillas del río, cientos de ciudadanos romanos, con derechos pero sin pan, iban en procesión hasta el Foro a mendigar un mendrugo.
Al acabar la semana, toda Roma estaba contenta. El emperador por haber apaciguado los ánimos, los ciudadanos que habían podido entrar al Coliseo por ver el espectáculo y los que se habían quedado fuera por la comida que les habían dado los patricios antes de entrar al circo.
Los millones de sestercios empleados para los juegos hubieran dado de comer a miles de romanos durante meses. A nadie se le ocurrió plantearlo siquiera.
Hoy, 2.000 años después, sigue ocurriendo algo parecido. No solo en España y la insistencia de Aragón y Madrid con sus Juegos Olímpicos de invierno y verano, respectivamente, o la Copa América y la F-1 en Valencia. También en Ucrania, cosede de la próxima Eurocopa. Según afirma El Mundo, "Ucrania se engalana para la Eurocopa mientras en hospitales no hay ni mantas".
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